Escuchados los tres, indisimulable era su preferencia por los italianos, aunque no dejaba de quitarse el sombrero ante los aragoneses y los vascos
Terra Taranta, que con el desparpajo de su cantante, el ritmo trepidante de su música y los movimientos de su bailarina, se la ganaron a ella y a todo el público de un animado Espacio Atapuerca. «Me gusta que incluyan danza porque la música tradicional, sobre todo, aunque no solo, se hacía para ser bailada», decía y aplaudía igualmente el uso de la pandereta y el acordeón.